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·Alimentación

Alimentación complementaria: señales, mitos y la lonchera

Con Pediatra, Universidad Javeriana Dra. Johanna Gómez

En Papapo no solo hablamos de zapatos. En La Sala de Papapo hablamos de lo que sostiene el desarrollo: el cuerpo, el juego, el vínculo… y también el plato.

En este encuentro conversamos con la Dra. Johanna Gómez, pediatra egresada de la Universidad Javeriana y mamá de dos (ocho y cuatro años). Los hábitos que se siembran en la infancia, dice, no se quedan en la infancia: inciden en enfermedades metabólicas de adulto, en lo cognitivo y en cómo el niño se relaciona con la comida.

Empieza en el útero, no al nacer

Muchas personas creen que la alimentación arranca con el primer pecho o el primer biberón. Johanna es clara: empieza antes.

Si la mamá come de forma variada y equilibrada, eso incide en el bebé que viene. Los sabores que ella siente también pueden llegar al útero. Ahí empieza la exposición: familiarizarse con el mundo de los alimentos antes de nacer.

Cuando nace, la etapa crucial es la lactancia. La leche materna es, cuando es posible, el mejor alimento. No siempre lo es: hay casos en los que no se logra, y muchas mamás se frustran. Lo ideal, cuando se puede, es lactancia materna exclusiva hasta los cinco o seis meses. A partir de los cinco, se mira si el bebé está listo para la complementaria. No “porque ya tocó”.

Cómo saber que está listo

La edad sola no basta. Johanna mira señales de desarrollo:

  • Sostener la cabeza: un logro que sí o sí tiene que estar.
  • Mantenerse sentado con apoyo, en una sillita que lo sostenga. Sentarse solo suele llegar más tarde, hacia los siete u ocho meses.
  • Interesarse por la comida de papá, mamá o los hermanos: esa cara de “yo también quiero”.
  • Que desaparezca el reflejo de extrusión: hasta los cuatro o cinco meses, si le metes una cuchara, saca la lengua y expulsa. Cuando eso se va, está más listo para tragar.

Con su segundo hijo lo vivieron: todo preparado, emoción a tope… y la lengua afuera. Esperaron unos días. No hay que frustrarse. La emoción de “iniciar” no puede ir más rápido que el cuerpo del bebé.

Bebé en sillita frente a alimentos reales
Cumplir meses no es lo mismo que estar listo

El mito de “no empieces con frutas”

Hay un mito fuerte: no empezar con banana u otras frutas porque son dulces y el niño se va a quedar pegado al sabor dulce.

Johanna lo desmonta: puedes empezar con cualquier alimento. En algún momento vas a dar frutas. El problema de la azúcar, en su mirada, es la refinada y lo que viene procesado de fábrica. La de la fruta el cuerpo la tolera de otra forma.

Tampoco hay un único método sagrado. Existe el tradicional (papillas, y con el tiempo texturas y trozos) y el BLW, donde el bebé guía con hambre y saciedad, toca y se lleva trozos a la boca. Hay papás que lo aman. Hay papás a los que les da mucho susto ver arcadas.

Lo que ella más aconseja es un mixto: un poco de papilla, si da seguridad a quien cuida, y trozos para exponer a texturas. El BLW, en su enfoque, es sobre todo sensorial: sentir, oler, decidir. BLISS es una variante que nació al ver que el BLW puro a veces dejaba déficits de nutrientes: más vegetales, igual en trozo.

Comer es una experiencia, no un trámite

Llevar comida a la boca y tragarla es el final. Antes hay que oler, tocar, ver qué se va a meter uno a la boca. Si te dan un alimento que nunca has visto, en cuchara, “mira, tómate esto”, corres la cara. Si primero lo exploras, desconfías menos.

Por eso hay que preparar al bebé antes del día “cinco meses y medio, sillita, a comer”. Preparación concreta:

  1. Que vea a la familia comer y disfrutar. Si papá no come melón, que no se lo anuncie como drama en la mesa: los niños copian.
  2. Acostumbrarlo a la sillita a la hora de la comida, sin comida todavía, para que no sea un objeto extraño el mismo día que llega el plato.
  3. Dejarle tomar alimentos con las manos: una fruta, un poco de papilla, que la vuelen, que jueguen.

Las primeras semanas son un experimento. No es el momento en que “va a comer un montón” ni en que deja de necesitar el pecho porque mamá volvió al trabajo. Hasta los ocho o nueve meses, el alimento principal sigue siendo la lactancia. La complementaria es, al inicio, un abrebocas.

Mitos que entorpecen

El objetivo, hacia el año, es que pruebe la mayor cantidad de alimentos de todos los grupos. Varios mitos lo atrasan.

Alergias. Antes se retrasaba el huevo y otros potencialmente alergénicos a los nueve o diez meses “por si acaso”. Hoy se sabe lo contrario: iniciarlos más temprano se asocia a menor probabilidad de alergia. Si llega el año y nunca probaron huevo, se perdió una ventana.

Tres días el mismo alimento. Ya no. Si das pollo y no pasó nada, al otro día una fruta, al otro un vegetal, al otro un cereal. Rotar.

Johanna se guía por cuatro grupos: proteínas, vegetales, frutas, cereales y tubérculos. Un día uno, al siguiente otro, y así arma el plato de desayuno, almuerzo y comida: una fruta, un vegetal, una proteína y un cereal o tubérculo.

No mezclarlo todo en una sola papilla. Brocoli aparte, papa aparte, pollo aparte, fruta aparte. Que vean forma y textura de cada uno. La papilla mezclada puede ser las primeras semanas, más por el miedo de quien cuida a un atragantamiento que por una regla del bebé.

Si solo das frutas semanas enteras y luego saltas a vegetales, el salto de gusto es enorme.

Plato con alimentos separados, no una papilla única
Que vea qué es la papa y qué es el pollo

Ni avioncito ni televisor

El juego a la hora de comer y la pantalla hacen lo mismo: distraen. El niño come, sí, pero no está presente. No registra cantidad, textura ni sabor. La idea es que estén conscientes en la mesa.

El rechazo es normal. Están probando un montón de cosas nuevas. Si un día no quiso papaya, no la etiquetes para siempre. Se llama exposición repetida: ofrecerla en otros momentos, hasta unas diez veces, no en la misma sentada a la fuerza. Hoy la quiso, mañana no, pasado sí.

Otras vías: presentarla de otra forma (estrellitas, un poco de avena encima), que te vean comerla, llevarlos al mercado, que elijan. Si después de mil formas no va, hay otras frutas con fibra, vitaminas, antioxidantes. Si no come cerdo pero sí pollo, apóyate en el pollo para la proteína.

Cuando el rechazo es a casi todo, o escupen, vomitan muy seguido, hay diarrea prolongada, o no les gusta morder lo crocante porque nunca los expusieron a texturas, ahí sí: pediatría. Una alerta fuerte es que no esté creciendo ni ganando peso. También, en el otro extremo, un aumento de peso que no cuadra. Cada niño es distinto; internet no personaliza. El control con pediatría sí.

Comer en familia, sin pantalla ni avioncito
Presencia en la mesa: sabor, textura, saciedad

Jardín, jugo y lonchera

Cuando entran al jardín se acaba el menú casero controlado. Johanna insiste: en muchos colegios la sobremesa es jugo. Si le preguntas a un niño de tres años “¿agua o jugo?”, elige jugo. La sobremesa debería ser leche o agua. Jugos, no.

Pide el menú. A menudo, con los pares, comen más autónomos y de más cosas… o se olvidan de comer porque quieren salir a jugar. Lo que tú sí controlas es lo que mandas.

La lonchera, en un recreo corto y con mucho movimiento, tiene que dar energía y ser lo más natural posible:

  • Una fruta (no siempre una manzana entera: se tardan tanto en morderla que prefieren no tocarla).
  • Una proteína (queso, huevo, yogur sin azúcar añadida).
  • Algo que dé energía: galletas de arroz soplado, snacks de garbanzo o lenteja, lo más cercano a real.
  • De beber: agua o leche. Nada de leches azucaradas, saborizadas, gaseosa ni jugo de caja.

Si almuerzan en el colegio, no mandes una lonchera de tres platos: llegan llenos al almuerzo. Mira cuántos descansos hay y nivela.

Lonchera con fruta, proteína y agua
Energía para jugar, sin jugo de caja

Paciencia, no piloto automático

Johanna lo resume sin receta mágica: paciencia, no etiquetar, rotar grupos, estar en control y dejar fluir cuando el niño crece bien. La alimentación no es un interruptor a los seis meses. Es un hilo que viene del útero, pasa por la lactancia y se vuelve, poco a poco, una mesa en la que el niño también tiene voz.

Preguntas frecuentes

¿A los seis meses ya está listo para comer?

La edad importa, pero no basta. La Dra. Johanna mira señales: sostener la cabeza, mantenerse sentado con apoyo en la sillita, interesarse por la comida de la familia y que haya desaparecido el reflejo de extrusión.

¿Hay que empezar con frutas o evitarlas porque son dulces?

Puedes empezar con cualquier alimento, incluida la fruta. El problema no es el azúcar natural de una banana: es el azúcar refinada y lo ultraprocesado.

¿BLW o papillas?

Los dos valen. Ella suele recomendar un mixto: papilla al inicio, si da seguridad, y trozos para explorar texturas. BLISS es una variante del BLW que enfatiza vegetales para no dejar déficits de nutrientes.

¿Agua o jugo en el jardín?

En la sobremesa, agua o leche. Si le das a elegir a un niño de tres años entre agua y jugo, elige jugo. Nada de jugos de caja, leches azucaradas ni gaseosas en la lonchera.

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