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·Desarrollo Infantil
Hitos del desarrollo: el gateo no es un prerrequisito para caminar
Con Fisioterapeuta pediátrica Lorena Márquez Franco
En La Sala de Papapo nos sentamos con Lorena Márquez Franco, fisioterapeuta desde hace unos diez años y especialista en fisioterapia pediátrica desde hace unos cinco, con foco en atención temprana: no el niño por áreas aisladas, sino el niño, la familia y los entornos.
En la universidad, cuenta, a menudo te forman en tu zona: “tú eres de lo motor, no le pises la manguera a nadie.” Ella se ha ido al conjunto. Los primeros años —sobre todo los dos primeros— son el tramo de mayor crecimiento y plasticidad cerebral. Lo que se aprende ahí es, dice, millones de veces más que en el resto de la vida. Cuidar a ese bebé como un tesoro: no quebrarlo. Es la base.
Ya en el vientre hay movimiento
Desde el útero hay actividad motora y se integra lo sensitivo. Un bebé a término, a las 40 semanas, ya se espera cierta postura en flexión, tono, fijación visual. Antes se evaluaban sobre todo reflejos primitivos y se creía que “el recién nacido no ve”. Hoy está claro que ven: la visión madura con el tiempo, pero desde el primer día pueden fijar y seguir.
Por eso funcionan las tarjetas de alto contraste (blanco, negro, rojo). No es obligatorio comprarlas: unas gafas rojas, labial rojo, la cara cerca. Si a la mamá primeriza le gusta el material, también es válido. No saturar.

La escalera de tres peldaños
Antes de hablar de “ya debería caminar”, Lorena pide dos ideas: ventanas de oportunidad y una escalerita de tres escalones, según la edad:
- Abajo: habilidades básicas.
- En el medio: inmediatas (los antecesores del hito).
- Arriba: lo esperado para esa edad.
Ejemplo a los tres meses. Lo esperado: sostener la cabeza, mirar al cuidador, calmarse en brazos, sonrisa social. Un peldaño abajo: boca abajo unos segundos y defiende la vía aérea; en brazos sostiene un rato y se le cae. Más básico: seguimiento visual en arco, y que al incorporarlo la cabeza no quede pegada atrás.
La ventana es el tiempo que el niño tiene para completar el hito. Control cefálico: más o menos del mes a los cuatro meses. Si faltan cinco días para los cuatro meses y todavía está en lo básico, no en lo inmediato, en cinco días no lo va a cumplir. Ahí hay que prestar atención. No es “le faltan quince días”: es que está muy alejado.
El giro es el primer mecanismo de desplazamiento: explorar con el cuerpo. Ventana que se abre hacia los cuatro meses; la media gira hacia los seis; el cierre, yéndose lejos, por los nueve. Un bebé de ocho meses y medio que ni siquiera llega a línea media para el volteo no es un tema de “esperemos quince días”.
El gateo: beneficios, no peaje obligatorio
“¿Hay que gatear o no hay que gatear?” Lorena pone las dos corrientes sobre la mesa.
Hay cada vez más estudios que dicen que el gateo no es un prerrequisito para la marcha. Otra corriente subraya los beneficios: fuerza, coordinación, patrones cruzados. Las dos cosas pueden ser verdad a la vez: el gateo aporta, y aun así los bebés encuentran otras formas de desplazarse y trabajan cualidades parecidas.
Como mamá, una se imagina al bebé gateando por toda la casa, no rastrando ni yendo en nalgas. Ella les dice: celebremos el desplazamiento. Si ya se roló y se arrastra o va en pompis, el cerebro ya sabe moverse. Hay pronóstico de marcha.
Si la familia necesita ver el gateo clásico (manos y rodillas, abdomen arriba), recomendaciones prácticas:
- Obstáculos: pasar por encima de la pierna o el tronco del adulto, un escaloncito.
- Subir, trepar, subirse al mueble, jugar en rodillas altas.
- Disponer la casa para esos juegos.
La ventana del gateo puede abrirse hacia los seis meses y alargarse hasta unos trece. Hay escalas que ya ni preguntan “¿gateó?”: preguntan si llega de un extremo de la habitación al otro. Lo consiguió. Punto.
Un estudio de 2006 que menciona: personas que no gatearon y llegaron a la marcha de distintas formas logran gatear después, por ejemplo en un túnel. Caminar no cierra esa puerta.
Cuándo el “no gatea” sí es bandera
El problema no es el gateo en aislado. Es el niño de diez meses que no sostiene su peso de pie, que nunca aguantó boca abajo, que nunca giró, al que le molesta demasiado el tummy time y el único desplazamiento es sentado… y además lenguaje o lo sensorial van atrás. Las áreas van en engranaje. Ahí hace falta valoración: tono, fuerza, algo vestibular, algo propioceptivo. Respetar el movimiento libre no es lo mismo que no haber ofrecido nunca la posición boca abajo.

Pararse, caminadores y andaderas
Las piernas vienen arqueadas del vientre; el cuerpo se alinea de a poco para la marcha. Un bebé de siete meses que quiere pararse: un par de minutitos de juego de pie, bien. No parado todo el día porque “le gusta”. A esa edad, en general, no va a caminar; se está perdiendo otro piso de la escalera.
Caminador (el de asiento y ruedas): si el desarrollo es normal, ninguno. No lo necesitan para aprender a caminar. Es peligroso: jala manteles, cosas calientes, escaleras. No aporta beneficio en el niño típico.
Andadera / carrito para empujar: el mercado hizo liviano y bonito lo que el bebé ya hace (empujar sillas, el coche). Ni acelera el proceso ni, por sí sola, lo daña. Un bebé que puede empujar una andadera suele tener buen control de tronco.
Cuando hay banderas rojas, diagnóstico o discapacidad, el terapeuta de atención temprana ajusta el entorno. Ahí sí pueden entrar caminadores, bipedestadores, dispositivos: no es lo mismo ver el mundo a la altura del suelo que de pie, también para autoestima y lo social. No se puede decir “super malo” en todos los casos; se puede decir “no es lo que el niño típico necesita para caminar”.

Descalzo en casa, zapato en la calle
A Lorena le encantan los niños descalzos, incluso con los pies sucios. El “qué pecado sin zapatos, písele medias” es herencia de abuelas. En climas fríos nos cubrimos de más; el bebé a término termorregula mejor de lo que creemos. Sobreabrigar también desvela.
Sobre plantillas y soportes: a ninguna patología “le ayudan” de forma genérica. Si el pie necesita apoyo extra, lo determina la fisiatría: será una órtesis, un dispositivo puntual. En hipotonía, a veces un zapato bajito pero un poco más firme, en la calle, para que el pie no colapse tanto; no todo el día. En la casa: descalzo.
La ciencia que ella cita también une lo distal (el pie) con lo oral: perfiles sensoriales difíciles con la comida, a veces con un pie que nunca tuvo piso, arena, césped, y sí mal calzado. El cuerpo es un engranaje. Otra vez.

Alerta, no sobrealerta
Lorena pide estar pendientes del pediatra —insistir: hasta cuándo para gatear, hasta cuándo para caminar— y a la vez no vivir de sobrealerta. Hay ventanas, no fechas mágicas. Hay niños que se saltan el gateo de revista y caminan igual. Hay niños cuyo “no gatea” es la punta de un atraso más ancho.
El hito no es una foto para el cumpleaños. Es una escalera. Y el primer peldaño es el piso, no el aparato que promete que va a caminar antes.
Cuando el suelo no es la sala
En casa, descalzo. En la calle, un zapato que no bloquee el pie que acaba de aprender a caminar.
Ver zapatos para niñosGuía de tallas — Mide el pie en casa
Preguntas frecuentes
¿Es obligatorio gatear para caminar?
No. Cada vez hay más evidencia de que el gateo no es un prerrequisito de la marcha. Tiene beneficios (fuerza, coordinación, patrones cruzados), pero el bebé puede desplazarse de otras formas —arrastre, nalgas— y eso ya es pronóstico de marcha.
¿Los caminadores ayudan a caminar antes?
Si el desarrollo es típico, no los necesitan. El caminador con asiento y ruedas es peligroso (manteles, escaleras). Empujar un carrito o una silla ni acelera ni ‘daña’ por sí solo: habla de control de tronco.
¿Cuándo sí preocuparse si no gatea?
Cuando el resto del desarrollo está lejos: a los 10 meses no sostiene peso de pie, nunca toleró boca abajo, nunca giró, o lenguaje y sensorial también van atrás. El problema no es el gateo en aislado.
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Escucha nuestra conversación con Fisioterapeuta pediátrica Lorena Márquez Franco.

