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·Crianza
Crianza consciente: cómo poner límites con amor y entender las emociones de tu hijo
Con Psicóloga clínica, experta en desarrollo infantil Olga Lucía Yepes
En Papapo Shoes sabemos que acompañar el crecimiento de un niño no se limita a lo que lleva en los pies. Por eso creamos espacios como La Sala de Papapo, donde hablamos de lo que verdaderamente impacta el desarrollo infantil: el vínculo, las emociones, el respeto.
En uno de estos encuentros conversamos con Olga Lucía Yepes, psicóloga clínica, experta en desarrollo infantil y mamá de tres —incluyendo un par de mellizos. Hablamos de crianza consciente: no como una moda, sino como una forma real de vivir la maternidad y la paternidad. Más sobre su trabajo en olgaluciayepes.com.
¿Qué es la crianza inteligente?
Olga lo resume así: “No nacemos con un manual, pero sí con un ‘automático’ aprendido en la infancia.” Frases como “¡cuidado se cae!” aparecen sin pensarlo. Criamos como fuimos criados… hasta que nos hacemos conscientes.
La crianza inteligente parte de ese despertar: cuestionar patrones, aprender nuevas formas de acompañar y entender que el desarrollo emocional de nuestros hijos comienza por el nuestro.
Y aunque suene simple, no lo es. Requiere mirar hacia adentro, ajustar expectativas y elegir cómo reaccionar. Porque lo que sembramos hoy, emocionalmente, es lo que crecerá con ellos.

La emoción no se controla, se acompaña
Uno de los grandes mitos es que los niños “deben aprender a regularse” solos. Olga fue clara: los niños aprenden a regular sus emociones a través del adulto que los acompaña. Si nosotros no nos regulamos, ¿cómo esperar que ellos lo hagan?
No es evitar las emociones ni reprimirlas. Es acompañar. Validar. Darles nombre. Y ser ese modelo emocional que ellos imitan, conscientes o no.

¿Qué tanto influye nuestro pasado?
Mucho. Criamos con lo que sabemos, y muchas veces eso significa gritar, castigar, repetir frases que escuchamos de niños. La crianza consciente no busca culpables, sino responsables: revisar lo que llevamos cargando y decidir si lo queremos pasar a la siguiente generación.
Esperar menos (y mejor)
Olga fue enfática: “A veces exigimos a nuestros hijos comportamientos de adultos, cuando apenas están aprendiendo a entender el mundo.”
Esperamos que obedezcan sin repetir, que no lloren, que no hagan desorden… cuando ni siquiera nosotros lo logramos siempre. Comprender en qué etapa están y qué pueden manejar nos permite bajar el juicio y subir la empatía.
Además, cada niño es distinto. Aunque los criemos igual, su temperamento define cómo reaccionan. Eso no significa que algo esté mal.
La pausa antes del caos
Uno de los consejos más simples: hacer una pausa antes de entrar a casa. Respirar. Reconectar. Elegir cómo queremos presentarnos. Porque muchas veces no es lo que pasa, sino cómo llegamos emocionalmente a ese momento.
El apego no es solo amor, es contención
Cuando un niño llora, activa su sistema de apego: espera una respuesta que calme su estrés. No se trata solo de cariño, sino de ser esa base segura que le dice “te veo, te cuido, estoy aquí.”
Ignorar el llanto no fortalece. Puede generar indefensión aprendida: un niño que deja de expresar porque aprendió que nadie vendrá.
Dejar de controlar y empezar a acompañar
Acompañar no es permitirlo todo. Los límites son necesarios y saludables. Pero no desde el grito o el castigo, sino desde la firmeza amorosa. Decir “no” también puede ser respetuoso cuando se hace con claridad, alternativas y contención.

¿Cómo poner límites sin gritar?
Ejemplos prácticos que compartió Olga:
- En lugar de “¡No toques mi maquillaje!”, di: “Este maquillaje es de mamá. Si quieres pintar, te doy hojas y colores.”
- En vez de “¡No cojas el jarrón!”, mejor: “El jarrón es para flores. Puedes jugar con esta pelota.”
El cerebro infantil piensa en imágenes. Decir “no toques” a veces activa el deseo de hacerlo. Mejor frases afirmativas y opciones claras.
Anticipar
¿Tu hijo hace una pataleta porque le pelaste el banano y quería hacerlo él? Anticipa y ofrece opciones: “¿Quieres que te dé el banano pelado o lo pelas tú?”
Pequeñas decisiones les dan sensación de control y autonomía, y reducen los desbordes.
Mentalizar: traducir lo que sienten
Ponle palabras a lo que ves: “Veo tu carita roja y tus puños cerrados. ¿Estás bravo porque no te dejé llevar ese muñeco?”
Eso se llama mentalizar. Les ayuda a reconocer, nombrar y procesar. Cuando un niño se siente entendido, baja la tensión y el vínculo se fortalece.
8 claves
- El llanto no es manipulación: es una necesidad que merece ser atendida.
- Tus emociones enseñan más que tus palabras.
- Cada niño es único: lo que funciona con uno no funciona con otro.
- Regúlate antes de corregir.
- Anticipar evita batallas innecesarias.
- Nombra lo que tu hijo siente: eres su traductor emocional.
- Pon límites con firmeza, amor y opciones concretas.
- Evita el exceso de “no” y enfócate en lo que sí puede hacer.
Criar también es criarse de nuevo
La crianza consciente no se trata de hacerlo todo bien, sino de hacerlo más consciente. De conectar, de reparar, de elegir cómo queremos estar presentes para nuestros hijos… y para nosotros mismos.
En Papapo caminamos contigo. Porque sabemos que la crianza no solo forma a los niños: también transforma a los adultos.
Preguntas frecuentes
¿Poner límites es lo contrario de acompañar?
No. Acompañar no es permitirlo todo. Los límites son necesarios y pueden ser respetuosos cuando se dan con claridad, alternativas y contención.
¿El llanto es manipulación?
El llanto activa el sistema de apego: el niño espera una respuesta que calme su estrés. Ignorarlo no lo fortalece; puede enseñarle que nadie vendrá.
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Escucha nuestra conversación con Psicóloga clínica, experta en desarrollo infantil Olga Lucía Yepes.

