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Desarrollo del pie infantil: osificación, arco y calzado

Con Ortopedista infantil, Cali Dra. Ángela María Gómez

Cuando se trata del pie de un niño, las preguntas se amontonan: ¿cuándo termina de crecer? ¿es plano? ¿el descalzo le arma el puente? En La Sala de Papapo las trajimos a una ortopedista, no a una marca.

La Dra. Ángela María Gómez vive y trabaja en Cali. Médico y ortopedista de la Universidad del Rosario, superespecialidad en ortopedia infantil en el Instituto Roosevelt con la Universidad Javeriana. Colega de la Dra. Margarita: no coincidieron en el mismo año de formación, pero sí en la mirada. Margarita fue, para Papapo, la primera puerta.

El mismo número de huesos, otra consistencia

El pie del bebé tiene 26 huesos, igual que el del adulto. Al nacer, la gran mayoría son cartílago: blanditos, otra consistencia. Van osificándose —de cartílago a hueso— hasta la madurez esquelética, cuando ya no crecemos más.

Mujer y hombre no cierran el reloj igual. En ellas, la madurez esquelética va muy ligada al primer periodo; queda un crecimiento residual corto. El pie de la mujer crece, en talla, más o menos hasta los 14, máximo 15 años. El del hombre puede cambiar de talla hasta los 16 o 17. Ángela ve pacientes de 17 a los que aún les compran zapato nuevo.

Importante: osificación no es lo mismo que cambio de talla. Los segmentos del pie osifican en oleadas (primer año, luego cuatro o cinco años, luego cinco a diez). Cuando hablamos de “el pie ya creció”, en consulta suele ser: ¿sigue cambiando el número de zapato?

Comparar la forma del pie con un zapato de horma ancha
El zapato se adapta al pie, no al revés

Maleabilidad: el dedo “torcido” del bebé

Los papás ven un dedito que se tuerce y se asustan. Ángela lo ancla en la composición del hueso: más flexible, adopta posturas. El recién nacido trae actitudes posturales de la posición in útero, en brazos y en piernas, que van cambiando. Al ponerse de pie (bipedestación) y al iniciar la marcha, pies y dedos adoptan otras formas.

Esa maleabilidad tan marcada se ve sobre todo hasta los dos o tres años; en algunos niños se alarga a cinco o seis, porque nadie osifica en el mismo calendario. Dentro de rangos es esperable. Fuera —malformaciones, no solo “actitud”— hay que individualizar.

Descalzo mientras se aprende a caminar

En la planta, como en la palma, hay neuroreceptores: el bebé conoce el mundo por ahí. Equilibrio, desarrollo neuromotor, propiocepción (vibración, profundidad, tacto). Con calzado es muy difícil percibir lo mismo.

Lo recomendado: descalzo la mayor cantidad de tiempo, sobre todo en el aprendizaje de la marcha. Ese aprendizaje empieza al ponerse de pie y dar los primeros pasos. Los dos primeros años desde ese momento son la etapa de mayor maduración de la marcha. Después sigue siendo valioso ir descalzo, en ambientes seguros. El zapato gana utilidad cuando llega el jardín y el asfalto.

Caminar, dice Ángela, es un poco como leer o escribir: la primera plana no sale perfecta. Toma años. La marcha se parece más a la del adulto después de los ocho años, cuando ya pasaron cambios fisiológicos de las piernas y el desarrollo neuromotor. Hasta entonces, un calzado ergonómico y respetuoso es herramienta para una habilidad nueva, no un adorno.

Un tacón —aunque sea un centímetro o dos— en una jornada de preescolar de ocho horas: no es el momento. No es que el zapato “le vaya a formar el piecito” al revés, pero tampoco respeta el proceso. Después de los ocho, y en un evento, el matiz es otro.

Planta de bebé, blanda y sin puente de adulto
Todos nacen con un pie que se ve plano

Todos nacen con pie “plano”

Todos los niños nacen con pie plano a la vista. El puente o arco empieza a estructurarse para que podamos verlo a partir de los tres años. Antes, el pie es casi una empanadita: cojinetes de grasa que se redistribuyen, más el fortalecimiento ligamentario. No es que a los tres años y un día aparezca el arco. Puede verse desde los tres hasta el final del crecimiento: en una niña, un rango de muchos años; en un niño, hasta los 16 o 17.

Esa aparición no va de la mano de la maduración de la marcha (cómo caminamos, hacia dónde miran los pies, la velocidad). El arco no es el factor determinante de ese proceso. Sí es la preocupación de casi todos los papás.

El mito: descalzo = se forma el puente

Andar descalzo tiene beneficios; el fortalecimiento muscular es uno. No hay relación de “a más descalzo, más arco”. No se puede hacer aparecer el arco longitudinal por caminar descalzo, por dispositivos ni por un tipo de terapia. Es una estructura del crecimiento. En algunos casos no aparece: hay adultos con pie plano; no siempre es patología.

El zapato rígido de antes —el “tópico” que se mandaba como vitamina— tampoco cambia la forma del pie ni saca el puente ni “arregla todo”. Es lo menos ergonómico: rígido, pesado. Hoy: menos es más. Un zapato que se adapte al pie del niño, no un pie que se adapte al zapato. Eso no le cambia la forma del pie; facilita un desarrollo neuromotor que damos por hecho (caminar) para que sea una transición respetuosa.

Piernas en paréntesis, luego en X

Del pie no se puede hablar sin las piernas. Desde que se ponen de pie hasta unos dos años, la alineación esperada es en paréntesis (arqueadas). Entre los dos y tres empieza a verse, a veces muy marcada, la equis: rodillas juntas, pies separados, hasta unos cinco años. Después los miembros se enderezan y el apoyo del pie cambia. Un niño de siete con rodillas que aún son de otra etapa ya se sale de lo esperado; un niño pequeño dentro del rango, no.

Meter los pies al caminar lo determina sobre todo la cadera (fémur y acetábulo): el fémur gira en el crecimiento para que, hacia la adolescencia, el pie mire al frente. Entre los cuatro y seis años se nota mucho; a veces se alarga. No hay una edad absoluta de “hasta aquí sí, después no”. Ante la duda, especialista. El zapato no es mágico.

Dolor: no es “normal vivir así”

Hay que diferenciar. El dolor del pie plano suele ir con la actividad: llega de educación física, se queja al final del día, a veces de noche, se cansa en distancias. Otros pies planos, menos frecuentes, duelen de que nos levantamos a que nos acostamos: barras tarsianas, navicular accesorio, otra conversación.

Alrededor del pie, en niños más grandes (desde unos ocho, con deporte regular), hay apofisitis por tracción: inflamación donde el tendón se pega al hueso. Con 26 huesos hay 26 posibilidades de dolor. Una vez al mes y no volvió: no es el mismo signo que todos los días, que ya no duerme, que deja el deporte. Vivir con dolor no es normal.

Plataformas y rampas (tacón disfrazado) cargan la cabeza de los metatarsianos, zona no diseñada para eso: dolor, a veces callos, a veces juanetes más adelante. Para un quinceañero, un evento de cuatro o cinco horas no es el mismo problema que lunes a domingo.

Por qué la punta ancha

El pie del bebé es ancho en toda su extensión; el antepié, más. Un zapato apretado adelante es una causa de uñas encarnadas, además del corte de la uña. El dedo gordo es de los principales propulsores de la marcha: si no puede abrirse, hay menos impulso, duele, el niño camina peor… y le estorbas el aprendizaje.

Prueba práctica que mostró Ángela: meter los dedos en la puntera y poder moverlos, abrirlos. Espacio suficiente. Un zapato que uno no se pondría apretado no se lo pongas a quien está aprendiendo a caminar.

La caña alta (bota que atrapa el tobillo) no es el default. En algunas características puntuales sí da estabilidad; para la mayoría, el tobillo libre trabaja.

Horma ancha: los dedos tienen dónde moverse
Si no puedes mover los dedos dentro, está estrecho

Menos obstáculos sensoriales

Ángela cierra como médica y como mamá: le hubiera gustado que alguien le dijera “mire mejor esto, por esto”. El mito del zapato rígido con arco no es el desarrollo natural. Los casos que sí necesitan modificación de calzado existen; no son el común denominador.

Mónica lo tradujo así en el live: entre menos obstáculos le pongamos al pie, más natural el código que el niño lee del entorno. Descalzo cuando se puede. Zapato que copie el pie cuando hace falta. El puente no se fabrica a la fuerza. El pie, si le damos tiempo y espacio, hace su trabajo.

Zapatos a un lado, pies en el pasto
Descalzo en el parque; zapato cuando el suelo no es seguro

Un zapato que se adapta al pie

Horma ancha, suela plana y flexible. El pie no se moldea al zapato tópico.

Ver zapatos para niños

Guía de tallasMide el pie en casa

Preguntas frecuentes

¿A qué edad deja de crecer el pie?

No es lo mismo osificación que talla. El pie de la mujer suele dejar de cambiar de talla hacia los 14–15 años; el del hombre puede llegar a los 16–17. El paso de cartílago a hueso tiene otros calendarios por segmento.

¿Caminar descalzo forma el arco?

No. Ángela es explícita: descalzo fortalece músculo y da información al pie. El puente no aparece por ir descalzo, ni por plantillas, ni por terapias. Algunos adultos se quedan con pie plano sin que eso sea, por sí solo, una patología.

¿Los bebés tienen el pie plano?

Todos nacen con un pie que se ve plano: cojinetes de grasa. El arco puede empezar a verse a partir de los tres años y seguir estructurándose hasta el final del crecimiento. Antes de los tres no esperes un puente de adulto.

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